La doma

Cortesía de: http://www.notiminuto.com/noticia/conmemorando-al-senor-de-las-letras-romulo-gallegos/
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La producción literaria de Rómulo Gallegos destaca por su abundancia y por la solidez de su propuesta estética, expuesta en revistas como La Alborada y El Cojo Ilustrado. Doña Bárbara, su obra más célebre, fue publicada en 1929, tras las protestas estudiantiles orquestadas por la Generación de 28 contra el dictador Juan Vicente Gómez, suceso que empujó al exilio a muchos de los conocidos de Gallegos; pertenece a las llamadas “novelas de la tierra” y se reservó el puesto de honor en la literatura venezolana, por lo cual es considerada hoy por hoy la progenitora de una renovación estética y política.

Situando la novela en contexto, Doris Sommer en Ficciones fundacionales (2004) propone que el discurso literario de Gallegos se enmarca en una política populista porque se nutre de un sentimentalismo patriótico -con cierto tono romántico- para rechazar no solo la imposición violenta de Gómez (personificado en Doña Bárbara) sino el abuso de las compañías extranjeras dedicadas a la extracción petrolera en territorio nacional (personificado en Míster Danger). Ambos se convierten en obstáculos a vencer por el héroe, Santos Luzardo, para obtener la victoria de la civilización frente a la barbarie. Esta lectura tradicional, sustentada por las propias palabras de Gallegos, presenta a Doña Bárbara como la resolución de una problemática binaria recurrente en la literatura latinoamericana.


La exposición de la lucha entre lo bárbaro y lo civilizado se enlaza con la propuesta estética del regionalismo, el cual pretendía “hacerle descubrir al hombre de la ciudad, y más allá al lector europeo, los paisajes, los hombres, las costumbres de esas tierras todavía mal conocidas” (Sicard, 1998, pág. 5) con la intención de hallar la autenticidad del pueblo americano y declamar su independencia. Esta dicotomía sirvió como metáfora de la geografía (urbana vs. rural), de la identidad (nacional vs. foránea) y los géneros (masculino vs. femenino) de Venezuela. De esta manera, Doña Bárbara se convierte en un espacio -estético- donde Rómulo Gallegos presenta su propuesta -política-, recogiendo las tipologías, paisajes y usos del llano para organizarlo bajo nuevos parámetros y guiarlo hacia una meta productiva. Por este motivo, Sommer cataloga a Doña Bárbara como romance fundacional; el relato de los amores entre Santos y Marisela, encuadrado en un panorama donde rige la rústica Ley del Llano, es la versión erotizada de un proyecto hegemónico.

La realización efectiva, el triunfo del idilio amoroso, solo se alcanza por medio de la doma porque “para sanear el llano es necesario dominar la tierra, y como esta ha sido descrita con características femeninas” (Singer, 2005, pág. 46) se materializa a través de una figura doble: Bárbara y Marisela.

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Santos Luzardo es el modelo de masculinidad que le dará forma al proyecto nacional, por eso no resulta sorprendente que se transforme en objeto del deseo de dos feminidades rivales y antagónicas: una que está anuente a insertarse en el orden patriarcal en los términos de sumisión que se le exige, la otra con tendencias subversivas y violentas, por lo que debe ser vencida (ib. 49).

La masculinidad de Santos se construye por medio del relato en episodios como el de la doma, cuando demuestra la capacidad de subyugar y amaestrar. El heredero de Altamira mezcla “la raza enérgica de los llaneros, con los ideales del hombre civilizado” (Singer, 2005, pág. 49), hecho que le permite ejercer poder sobre los peones, Balbino, Míster Danger, Lorenzo… y finalmente le lleva a confrontar a la dueña de El Miedo, cuya fiera apariencia de “marimacho” lo obliga a deponer sus principios, tal como acontece durante el asesinato de Melquíades y la quema de Macanillal. Saberse controlado por ella lo encamina nuevamente hacia la senda del bien, es el último impulso que recibe antes de caer en los dulces brazos de Marisela.

Opuesta a la representación de la naturaleza pródiga, silvestre, virgen en la hija, Bárbara es “el desierto que no deja penetrar la civilización” (Gallegos, 2002, pág. 17), la tierra seductora, indómita, antropofágica; “inhibida [su] sensualidad por la pasión de la codicia y atrofiadas hasta las últimas fibras femeniles de su ser” (ib. 30), aunque ella desea pertenecerle a Santos, está definida por la esterilidad y ausencia de amor maternal, elementos que contradicen el fin último de las novelas fundacionales: proponer la población del espacio vacío, inculto, aislado para la obtención de beneficio que repercuta en el provecho de la Nación.

La progresiva feminización de Bárbara y las constantes escapadas de Marisela son muestras de inseguridad ante las miradas condescendientes de Santos, resumen un sentimiento de vergonzosa indignación por la carencia de rasgos o habilidades necesarias para la concreción de un importante objetivo. Domar a Doña Bárbara implica la restitución de la Ley, la instauración de un sistema eficiente y justo; domar a Marisela garantiza la estabilidad o la creación de un mundo donde la Ley pueda ejercerse cabalmente. Y en ambos casos, la heroicidad de Santos depende, paradójicamente, de las entidades femeninas que debe dominar; necesita resistirse a la curiosidad que la “devoradora de hombres” le produce, semejante a la atracción fatal que ejercen el toro y el caballo sobre su corazón de llanero; y “enamorarse perdidamente de la mujer apropiada” (Sommer, 2004, pág. 113), parecida a la yegua blanca que aún libre desea ser amansada.

La desaparición final de Doña Bárbara declara a Santos y Marisela triunfadores. Reflejada en ellos, junto a su primer amor, la “devoradora de hombres” ve el futuro que la muerte de Asdrúbal había truncado y, reconociéndose como un obstáculo, se marcha despejando caminos y sembrando esperanzas. Doña Bárbara supera a sus predecesores porque no se limita a recoger las tipologías sociales, les inyecta vitalidad y les permite trascender el ámbito literario y proyectarse en componentes reales. Marisela, que ha sido convertida en una señorita, toma las riendas del hogar mientras Santos procura la modernización de la hacienda; así, “la civilización penetra la tierra estéril y la hace madre de multitudes” (Sommer, 2004, pág. 356) por lo cual la vida en Altamira se vuelve una metáfora de la Patria, un ejemplo de amor patriótico consagrado a la producción, el bienestar y la estabilidad de un espacio más vasto que el llano.

 

Referencias

Gallegos, R. (2002). Doña Bárbara. Guatemala: Piedra Santa.

Sicard, A. (1998). “Literatura latinoamericana: espacio de escritura y espacio de identidad”. En Fronteras e identidades (págs. 1-7). San José de Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica.

Singer, D. (2005). Configuración de las relaciones de género en la novela Doña Bárbara de Rómulo Gallegos. Revista Artes y Letras de la Universidad Nacional de Costa Rica, 45-58.

Sommer, D. (2004). “Amor por la patria: el romance revisado del populismo en La Vorágine y Doña Bárbara“. En D. Sommer, Ficciones fundacionales (págs. 333-369). Bogotá: Fondo de cultura económica.


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About Fabiola Fulco Salazar 14 Articles
Caraqueña, estudiante de la Universidad Católica Andrés Bello y futura Licenciada en Letras. Disfruto la historia y el arte tanto como las telenovelas y los concursos de belleza, busco conquistar a la vida a través de estos pequeños placeres. La literatura significa para mí resistencia, testimonio, negación al olvido; por ello, mi voz está al servicio de los autores y poetas, cual amante acérrima del lenguaje y fiel creyente del pensamiento crítico. Co-fundadora del blog Escritores Sin Nombre y creadora del blog A media voz. (Las opiniones de los colaboradores de Venezuela Mundial son responsabilidad exclusiva de los mismos).